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Gracias al empeño del empresario conejero Juan Francisco Rosa, la goleta regresó ayer al mar tras un proceso de restauración que ha durado seis años.

A la tercera fue la vencida, y tras dos intentos fallidos, la botella de champagne se rompió contra la quilla del barco como manda la tradición marinera. Minutos después, la goleta “Bella Lucía” se sumergía en las aguas del mismo océano que contempló su nacimiento hace 123 años. El empresario conejero, Juan Francisco Rosa, veía así satisfecho un deseo que compartió con ilustres personajes como César Manrique o el carpintero naval Maestro Tito, quienes plantearon a principios de los noventa la restauración de la histórica nave. Presidiendo la ceremonia estuvo una pequeña madrina muy especial, Elena, sobrina y ahijada del armador que se encargó, con la ayuda de su tío, de lanzar la botella y bautizar así de nuevo la goleta.

Antes de la botadura, el sacerdote encargado de bendecir el barco se dirigió a los presentes con estas palabras: “Tito nos marcó un camino que grandes y pequeños queremos seguir”. El párroco roció después el casco de la nave con agua traída desde la ciudad santa de Lourdes, mientras recordaba una popular frase que dice que “en el mar el hombre aprende a rezar”
El casi medio centenar de personas que asistió en la botadura, entre los que se encontraba una nutrida representación del estamento político insular, aplaudió con entusiasmo la vuelta de la “Bella Lucia“ al mar. La parranda de Amigos de Puerto Naos, evocó con sus cantos marineros y habaneras, las antiguas imágenes de la goleta cruzando el mar hacia África, cargada de mercancías y con la piel incrustada de salitre.

Satisfecho, Juan Francisco Rosa, rememoró en ese momento las vicisitudes por las que ha pasado su equipo para llevar a buen puerto la restauración: “Hace seis años el Cabildo intentó quedarse con ella pero no fue posible. Tito se entusiasmó y el amigo César también, me dijeron que era yo casi el único que podría hacerlo y así fue. Comenzamos pensando que sería cosa de dos años o seis meses y ha sido más largo, pero ha merecido la pena. El día de hoy ha sido fantástico, con tantos amigos, la botadura ha sido una alegría tremenda para mí, para la gente y para las islas”.

A partir de ahora, sólo restan por construir los mástiles y colocar las velas para que el barco recobre su primitivo aspecto, “queda lo más fácil, la labor buena está hecha ya” comentaba ayer Juan Francisco Rosa. La “Bella Lucía” viajará hasta el Puerto Marina Rubicón, que se convertirá en su hogar mientras descanse en la Isla. A parte del uso personal y privado al que lo destinará su propietario, la nave servirá de escuela flotante para jóvenes navegantes que quieran hacerse a la mar a la vieja usanza. “Vamos a enseñar a navegar a quince o veinte alumnos cada seis meses, con un par de profesores, uno viene de Inglaterra. Vamos a dedicarlos a ocio y además a los chicos que quieran aprender”, asegura ayer el dueño del barco.

Para celebrar el acontecimiento el anfitrión ofreció, tras la botadura, un copioso banquete al que estaban invitados todos los vecinos de Lanzarote. Garbanzada, paella, estofado de carne, sancocho, mojo, gofio, queso, jamón serrano, dulces… Todos exquisitos productos, con los que los organizadores agasajaron a cuantos quisieron compartir con ellos este día.
Otro de los protagonistas del evento fue Willfredo, Freddy como lo llaman sus amigos, sobrino de Maestro Tito, quien falleció a los 18 de meses de iniciar la restauración. Freddy recogió la obra de su tío y ayudado por Víctor y otros colaboradores asumió el reto de regresar la goleta a su época de esplendor. Freddy se mostraba ayer “bastante satisfecho” porque la maniobra de botadura había salido.

Foto: Javier Fuentes

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